Mientras una multitud hace cola frente el Pardo para ver el cuerpo del difunto dictador de España, en las calles del invierno madrileño un hombre se oculta, huyendo de sus perseguidores.
Un hombre que tiene acceso a las cintas de Perón... "Inteligente, sofisticado, tan brillantemente cínico como sólo los mejores novelistas de espionaje británicos pueden ser" Julian Rathbone, un inglés que conoce España como pocos autores.
Un autor traducido en diez idiomas que no había podido publicar sus libros en el nuestro.
LEER MÁSTodas las historias del detective sin nombre están ahí, escondidas, son casos archivados, o casi...
De vez en cuando y pocas veces, te topas con un escritor cuyo trabajo te gusta instintivamente; ahora, por casualidad he encontrado uno, Bill Pronzini... Tengo una simpatía básica con este detective privado, cincuentón, gordo, amoroso y anónimo. Cómprelo, léalo y relájese.
Kirkus Review :Mejor que un baño sauna.
El mejor trabajo de Pronzini es la creación del detective sin nombre, un personaje agradable y sólido.
“Dudo que haya leído un thriller mejor este año”. The Times. Los individuos de Rathbone están vivos, y él redacta sobre ellos con distinción, con fuerza y con poder de convicción”. Books and Bookmen.
El loco andaba por ahí matando jóvenes a martillazos… Pero ¿quién ponía el martillo en sus manos?
Cuando Sánchez ganó cuatrocientos veintiséis millones de pesetas en la Lotería Primitiva, creyó que se volvía loco.
Su primera reacción fue de incredulidad y estupor. Se sintió flotar en el aire, caer blandamente en un pozo muy profundo, tan blanco y luminoso que le cegaba y dolía en los ojos. En el periódico venía la clave ganadora, seis números que se correspondían perfectamente con los que él había tachado en la papeleta, fíjate bien, no te vayas a equivocar, y eso significaba que le habían tocado muchos millones, pero muchísimos millones, y él permanecía asustado, de pie frente a la barra del bar, mirando el periódico abierto y conteniendo la respiración.
LEER MÁSLe preguntó al Nando qué le debía por el café y los coñás, ejem, tuvo que aclararse la garganta porque no le salían sonidos, «como cuánto te debo», el Nando le dijo que ciento sesenta, como siempre, y él pagó, con mucho cuidado para no temblar, una moneda de cien, y otra de cincuenta, y dos duros, uno y dos, y salió a la calle con la necesidad de caminar y de que el aire le diera en el rostro.
Caminó pensando, a cada paso, «no puede ser». «No-pue-de-ser-no-pue-de-ser-no-puede-ser-no-puede-ser-no-puede-ser-no-puede-ser-no-puede-ser-no-puede-ser-no-puedes-ser».
Quiso reír. Le hubiera gustado eructar una carcajada violenta y enloquecida, que todos le tomaran por loco, «ja-ja-ja», pero no le salía. Hizo el intento, mientras caminaba más de prisa, más de prisa, «no puede ser-no puede ser-jajajá», pero no le salía. No tenía ganas de reír. Quería hacerlo, pero no podía. Tenía miedo. En realidad, tenía miedo.
«No-le-debo-nada-a-nadie-no-le-debo-nada-nadie, no-le-de-bo-nada-a-nadie-no-le-debo-nada-a-nadie». Eso era lo que le obsesionaba: que no le debía nada a nadie, que nunca nadie le hizo ningún favor, que siempre se había estado arrastrando ante las miradas indiferentes de los demás, que le consideraban un pobre hombre. No le debía nada a nadie. Ni a doña Juana de la pensión…
La vio recogiéndole del suelo, ayudándole a ponerse en pie aquel día que estaba tan borracho. Celebrando la primera vez que cobró el paro. Cuidándole el día que le dieron la paliza en el bar del Nando. Y cuando estuvo enfermo y la mujer le daba el caldo a cucharadas.
COLAPSAR“Una trama rica, individuos fuertes y increíbles toques de humor, hacen de Mercurio, una de las superiores novelas del detective Sin Nombre”.
Era el caso más jodido con que me había encontrado. Muchas de las piezas surgían inesperadamente y no había manera de colocarlas en su lugar. Por la misma razón no tenían sentido individualmente.
Era como rellenar un termómetro con gotas de mercurio sin los instrumentos apropiados; cada vez que intentabas coger una de las gotas, se escapaba entre los dedos
Truman Taylor, a los cincuenta años, tras haber sido deshonrosamente licenciado del ejército que lo entrenó para asesinar en Corea y Vietnam, parece encontrase al final del camino...
Estaba con un pie apoyado en el parachoques de su Ford, que tenía más de veinte años encima, contemplando al dueño del establecimiento.
Se trataba de una de esas tiendas en que se vende de todo, especie de bazares, antes tan comunes en la América rural y hoy apenas vestigios del pasado. Los surtidores de gasolina bombeaban el fluido ámbar a través de un globo transparente que tenía en su interior un pequeño molinillo que giraba a medida que el combustible pasaba camino del depósito del comprador.
Ancianas con las bragas abajo, policías novatos, legados, navajazos, una historia para leer por la noche... y tener pesadillas.
Lo Que Ocurrió en las obras de ESTOS maestros es Que se Vieron invadidas, impregnadas, de la ONU realismo violento, de Una Realidad cotidiana e insólita Que acabó relegando un Segundo término en el juego de enredo Que había Servido de punto de partida .
No digo que este juego del enigma desapareciera, como tampoco desapareció el ánimo del autor de incluirlo en la obra , pero sí es cierto que al autor terminó por interesarle mucho más el contenido realista y social de la novela negra que la pirueta de descubrir al asesino.
LEER MÁSSi El señor Capone ESTABA ambientada en el Chicago de 1929 y, para escribirla, me documentaré en los libros, en la prensa de la época, en los recuerdos y en la mitología del siglo XX, ambienté A la vejez, navajazos en la Barcelona de unas fechas muy concretas y me documenté yendo a todos los escenarios donde transcurriría la historia, desde la casa de Pedralbes donde muere doña Emilia hasta los bares de la calle Robadors donde La llana y Cuenca enviar a la Biso y al Travolta; y entablando relación y hablando con personas como las que luego debería que describir .
Y ,por tanto, tuve que aceptar ante mí mismo que, cuando se comete un asesinato, quien investiga es la policía y que, por tanto, no me quedaba más remedio que inventarme al protagonista.
Eso Haría de A navajazos Una novela arriesgada, puesto Que en 1979 resultaba muy difícil Hacer Que el Público simpatizara con el protagonista. Qué era inspector del Grupo de Homicidios , Pero Decidí Correr el Riesgo.
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