Se puede ser conservador de muchas formas, pero no se es de ninguna forma sin una educación de la mirada y del sentido del agradecimiento en relación a las prácticas e instituciones heredadas.
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La fidelidad a la transmisión de una tradición no tiene que estar reñida con el fomento de la innovación y el cambio. Sobre esta afirmación descansa La imaginación conservadora, una defensa, y al mismo tiempo un tributo, al conservadurismo, entendido como una forma de vivir y de hacer polÃtica reivindicando el legado de nuestras costumbres, códigos e historia, en oposición al menosprecio de la prudencia y la orgullosa pretensión revolucionaria de hacer borrón y cuenta nueva del pasado.
LEER MÃSSi es posible seguir emocionándose con Homero, Safo, Esquilo, Fidias o Miguel Ãngel; si la quinta sinfonÃa de Shostakóvich o Las meninas de Velázquez continúan dejándonos sin aliento; si Platón, San AgustÃn o Maquiavelo todavÃa nos ayudan a pensar; si seguimos necesitados de amor y consuelo, de un trabajo alegre y de un amor seguro; si podemos reconocer en la democracia ateniense algunos de nuestros problemas y en TucÃdides o Tito Livio algunas claves de la vida polÃtica; si no acabamos de hallar respuestas satisfactorias en la ciencia para nuestras demandas de belleza, bondad y justicia… En suma, si seguimos siendo animales polÃticos, este es tu libro.
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